Salud - Corredores Verdes

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LA SALUD ES LO PRIMERO
pero, lo más importante no es comer, sino nutrirse

La mayoría de los consumidores acuden diariamente a la compra para adquirir productos frescos, 0 envasados, para preparar la comida y, salvo raras excepciones, no suelen plantearse ninguna pregunta sobre lo que supone esa decisión.

Nuestra propuesta es que compremos alimentos que nutran de verdad, conscientes de lo que supone nuestra decisión para nosotros y para el Planeta, y que actuemos con responsabilidad preguntándonos ¿a quien enriquece?,  ¿a quien arruina?, ¿cual es su trazabilidad?,  ¿oculta algún alimentario?,  ¿ataca a la biodiversidad?,  y un largo etc.
Comprar de todo, todo el año

Desde hace pocos años se nos ha acostumbrando a consumir de todo en cualquier época del año, y se nos ha hecho creer, por intereses económicos, las ventajas que ello supone, obviando los indudables beneficios que para nuestra salud representan los productos frescos, de temporada.

Por producto fresco, de temporada, entendemos aquel recolectado en el momento idóneo de maduración o desarrollo y que, sin manipulación ninguna, llega a nuestra mesa. Esto sólo es posible si la producción se realiza en un lugar próximo, porque si viene desde cientos, o miles de kilómetros de distancia, necesita recolectarse sin madurar en la planta, utilizar cámaras de frío, exceso de transportes, numerosos envases, .... demasiada manipulación en la que se pierden casi un 50% de los alimentos recogidos y se degrada su calidad nutricional. El paladar más profano detecta una pérdida importante de cualidades organolépticas, como el sabor y el aroma, reflejo de algo más preocupante: la pérdida de capacidad nutritiva

Diversificar el consumo es importante para lograr una nutrición equilibrada y, gracias al desarrollo de las comunicaciones, hemos incorporado a nuestra producción numerosas semillas nativas, que se han adaptado a las circunstancias locales y nos permiten disfrutar de variedad en cercanía, con todas sus propiedades nutricionales intactas. Esto no es nuevo, aunque si se ha acelerado, pues ya en su día importamos de América tomates, patatas, maíz, etc.
Las semillas nativas son muy superiores a las transgénicas

Cuando manipulamos genéticamente las plantas provocamos en ellas determinados cambios cuyas consecuencias deberíamos conocer, pero que se nos ocultan. Estos cambios afectan, además de a los alimentos, al medio ambiente y no se sabe como impactarán sobre el futuro de la humanidad.

A corto plazo, en la nutrición, está claro que la manipulación genética origina una pérdida de cualidades organolépticas, así como de vitaminas, minerales, etc., es decir de nutrientes. A igualdad de cantidades el alimento producido a partir de semillas nativas (no manipuladas genéticamente) nutre más, y mejor, que el modificado. Conviene que recordemos que en España cerca del 90% de los alimentos con denominación de ecológicos proceden de semillas híbridas, merced a que la ley de semillas deja abierta esta posibilidad.

La precaución, que debería ser una norma, brilla por su ausencia, a pesar de que existen evidencias clínicamente comprobadas de efectos provocados por los transgénicos, como el incremento del cáncer de mama, la perdida de eficacia de los antibióticos o la alteración de las defensas de nuestro organismo. El ataque que representan a la biodiversidad puede acabar con los productos naturales y la imposición del monopolio de las semillas a manos de las economías del primer mundo, más preocupadas del ambicioso aumento de la productividad y disminución de costes, que de producir alimentos saudables.

Recomendamos el visionado del documental "Las semillas del beneficio", emitido por TVE2 y producido por la televisión francesa, para conocer algo de lo que oculta la manipulación de las semillas.
¿Es más barato lo que viene de fuera?

¿Cómo se puede vender más barato un alimento producido a miles de kilómetros, que uno cultivado localmente?

Por regla general se nos dan dos explicaciones: el precio de la mano de obra y la poca extensión de las explotaciones agrarias. Y son ciertas, pero hay que explicarlas con algo más de detalle ya que, lo que se pretende, es un mayor beneficio económico para el distribuidor de alimentos, no para el consumidor.

¿Es más cara la mano de obra en España?. Evidentemente si, dado nuestro estado de desarrollo. El agricultor debe ser una persona respetada y debe vivir  dignamente de su trabajo .

¿Y cual es la alternativa para reducir ese coste?

Pues producir en países menos desarrollados donde, con la connivencia de sus gobiernos, se pueda "explotar" a los trabajadores, o expulsarlos de sus tierras para crear grandes monocultivos, deforestando y degradando el medio natural.
Claro que, producir en esas condiciones, conlleva la utilización de grandes y contaminantes maquinarias, la utilización masiva de sustancias químicas, de síntesis (insecticidas, perticidas, abonos químicos, ...), que degradan el suelo y los acuíferos y afectan a nuestra salud.

Pero el problema no acaba aquí. Ese tipo de producción origina enormes gastos energéticos y necesita, para su conservación y transportes, creación de cadenas de frío, numerosos envasados, importantes infraestructuras, ... con grandes emisiones de CO2 y sus graves consecuencias  sobre la Crisis Climática (inducida, entre otras causas, por su actividad depredadora). La hipocresía internacional de estas grandes corporaciones llega al extremo de negociar cuotas de CO2 para poder seguir con sus prácticas contaminantes, a costa de hipotecar el desarrollo de terceros países.

Y después de todo esto,  ¿como se puede vender mas barato que la producción local?

En una empresa existen dos grandes partidas económicas: gastos e ingresos, y la diferencia entre ambas es lo que determina el beneficio, o las pérdidas. En el modelo anterior resulta evidente que los gastos son muy superiores a lo beneficios pero no se repercuten en la cuenta de las empresas, sino en la de todos los ciudadanos: contaminación, infraestructuras, reciclaje de envases,....

Por la contra el productor local, empleando técnicas de ECOagricultura, no degrada el suelo, sino que lo mejora. No contamina el medioambiente, reduce el transporte al mínimo, no precisa cadenas de frío porque vende en el día, puede eliminar la casi totalidad de los envases, su producción presenta una trazabilidad fácilmente comprobable, .. y todo ello conduce a la producción de alimentos de calidad, con alto poder nutritivo, que nos garantizan un mejor estado de salud.

Resumiendo: La producción y venta local favorece a nuestro agricultor y distribuye riqueza en nuestro entorno, mientras que la producción industrializada enriquece a unos pocos en perjuicio de muchos.
¿Podemos dar la espalda a la realidad?

¿Podemos consumir dando la espalda a los problemas medioambientales y sociales que se derivan de nuestro consumo?

Esta es una decisión personal sobre la que debemos reflexionar.

Desde mi punto de vista tajantemente no. El consumidor no debe ser ajeno a los problemas que se derivan de su consumo ya que ello afecta gravemente al medio ambiente y a muchísimas personas que viven en lugares “menos favorecidos” y que son explotadas en condiciones de esclavitud, desplazadas de sus lugares de vida ancestrales, y todo ello en aras de una mayor productividad. La productividad no puede justificarlo todo.

Una vez más resaltaremos, y nos cansaremos de hacerlo, que el principal objetivo de la agricultura integrada (agricultura y ganadería) es producir alimentos de calidad para los consumidores, mientras que, en contraposición, la agricultura y ganadería industrializada  tienen como principal objetivo ganar dinero.
¿Cómo afecta a mi salud?

De dos maneras totalmente distintas, pero relaccionadas; directamente, a través de lo que ingerimos, y a través de las alteraciones que origina en el medio ambiente.

La ONU dice que la utilización masiva de agrotóxicos incide directamente en el Cambio Climático, en la pérdida de biodiversidad y constituye un ataque directo a la Soberanía Alimentaria (el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos). La propia ONU responsabiliza a los agrotóxicos de por lo menos 200.000 personas muertas al año.

En la ONU existe el denominado Relator Especial sobre el Derecho a la Alimentación, especializado en estudiar el acceso a los alimentos, la nutrición, modelos productivos y necesidades, vistos desde una perspectiva de derechos humanos y multidisciplinario. Al frente está la especialista turca Hilal Elver, que presentó su último documento ante el Consejo de DD.HH. de la ONU.

Transcribimos lo que dice este documento:

La producción agrícola se ha incrementado. Ello se ha logrado a costa de la salud humana y el medio ambiente, y al mismo tiempo el aumento de la producción no ha logrado eliminar el hambre en el mundo. La dependencia de plaguicidas es una solución a corto plazo que menoscaba el derecho a una alimentación adecuada y el derecho a la salud de las generaciones presentes y futuras”, afirma el escrito de Naciones Unidas.
Al mismo tiempo, desmiente que sean necesarios químicos y transgénicos para acabar con el hambre (como suelen publicitar las empresas): “Sin utilizar productos químicos tóxicos, o utilizando un mínimo de ellos, es posible producir alimentos más saludables y ricos en nutrientes, con mayores rendimientos a largo plazo, sin contaminar y sin agotar los recursos medioambientales”.

El documento (“Informe de la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación”) contó con la redacción del Relator Especial de Sustancias y Desechos Peligrosos, precisa que al menos 200,000 personas mueren al año por intoxicación aguda y el 99 por ciento suceden en países en vías de desarrollo.

En este trabajo en este trabajo se hace especial hincapié en las mujeres embarazadas que están expuestas a los plaguicidas y con el riesgo de sufrir abortos espontáneos o partos prematuros y sus bebés pueden sufrir malformaciones congénitas. Otros efectos en la salud que se confirma en este trabajo hace referencia al cáncer, Alzheimer, Parkinson, trastornos hormonales, problemas de desarrollo, neurológicos y de esterilidad.

Los especialistas de Naciones Unidas no tienen dudas de que los agroquímicos “implican un costo considerable para los gobiernos y tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a los derechos humanos”.

Todas estas afirmaciones sobre los efectos adversos de los plaguicidas están confirmadas por numerosas investigaciones científicas, a pesar de que se intente negarlo desde la agroindustria, y la industria de los plaguicidas, responsables principales de los daños causados por estas sustancias químicas y prácticas agresivas y poco éticas.

El Relator de Derecho a la Alimentación es uno de los pocos espacios de Naciones Unidas que no es dominado por el lobby de las empresas transgénicas. El informe precisa que tres empresas (Bayer-Monsanto, Dow-Dupont, Syngenta-ChemChina) dominan el 65 por ciento de las ventas mundiales de agroquímicos y el 61 por ciento del mercado de semillas. “Las transnacionales ejercen un extraordinario poder sobre la agenda regulatoria, las iniciativas legislativas y la investigación agroquímica a nivel mundial”, advierte.

Los especialistas de Naciones Unidas no tienen dudas de que los agroquímicos “implican un costo considerable para los gobiernos y tienen consecuencias desastrosas para el medio ambiente, la salud humana y la sociedad en su conjunto, afectando a los derechos humanos”.

Toma como referencia la situación del glifosato, utilizado en la producción de soja transgénica, maíz y algodón, entre otros. “Ha sido presentado como menos tóxico que los herbicidas tradicionales pero existe una considerable división de opiniones acerca de su efecto. Estudios han señalado efectos negativos en la diversidad biológica, la flora y fauna, y el contenido en nutrientes del suelo. En 2015, la OMS anunció que el glifosato era un probable cancerígeno”. Y recuerda que los estudios de toxicidad de las empresas “no analizan los múltiples efectos crónicos relacionados con la salud (solo abordan los efectos agudos, de corto plazo)”.

A pesar de todo ello más del 80% de los alimentos en el mundo están producidos por pequeños agricultores mientras que en la cadena alimentaria, como consecuencia de la manipulación selección etc., se pierden el 50% de los alimentos producidos. Serían suficientes para acabar con el hambre en el mundo.
Bibliografía recomendada

Dossier ABRASCO, de Brasil, en este enlace https://abrasco.org.br/dossieragrotoxicos/
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